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Fecha de Publicacion 30 de Octubre de 2015

 

“Una teología sexual visible para nuestro tiempo afirmara que la sexualidad siempre era mucho mas que la expresión genital. La sexualidad expresa el misterio de nuestra creación como aquellos que necesitan buscar en el exterior del abrazo físico y espiritual de los demás. Expresa la intención de que encontremos a nuestra autentica humanidad, no en el aislamiento sino en la relación” Existen dos preocupaciones a consideración de los aspectos religiosos y éticos de la sexualidad humana. Primero está la preocupación científica por explicar los fenómenos sexuales. Debido a que la religión y la ética son influencias importantes en el comportamiento de las personas, en especial en asuntos de la sexualidad, no se puede apreciar por completo la razón por la que la gente hace lo que hace sin examinar estas influencias. En segundo lugar, también se encuentra el lado personal de la moneda. Todos somos personas que tomamos decisiones sobre su propia sexualidad. Por ende, lo adecuado seria considerar como tomamos tales decisiones. Grecia y Roma Durante la edad de oro de la cultura, griega que abarco aproximadamente los siglos quinto y cuarto A.E.C. filósofos brillantes como Sócrates, Platón y Aristóteles meditaron acerca de la mayoría de las grandes preguntas éticas. Consideraban que la belleza y la bondad eran la principal meta de la vida y admiraron la figura del guerrero- intelectual, que encarnaban las virtudes de la sabiduría, el valor, la templanza y la piedad. Aunque no había nada dentro de la cultura griega que rechazara el sexo como algo malvado-con frecuencia se representaban a los dioses y diosas de la mitología griega disfrutando de el- los grandes filósofos si desarrollaron una especie de ascetismo que tuvo un lugar importante en el pensamiento del occidente. Posteriormente, la filosofía griega se volvió más ascética que en la edad de oro.

Epicuro (341-270 A.N.E.) enseñaba que la menta de la vida era la ataraxia, un estado de tranquilidad entre el placer y el dolor en que la mente no estaba bajo los efectos de la emoción. El, como muchos otros estoicos del mismo periodo, valoraban el desapego hacia las ansiedades y placeres mundanos y de hechos, una indiferencia total entre la vida y la muerte. El sexo no necesariamente se consideraba como algo malvado, sino como algo menos importante que la sabiduría y la virtud, de algo que trascender para lograr la belleza y la bondad. Desde los más antiguos escritos griegos (Homero, siglo VIII a.e.c.) encontramos relaciones amorosas entre varones, entre mujeres y personas que gustan de vestir y hacer lo que su sociedad califica como “del otro género”. Como ejemplo de amor entre varones podemos ubicar a Aquiles y Patroclo, personajes centrales de la novela de Homero (s. VIII antes de la era cristiana -a.e.c.-) que se amaban mucho. Aquiles apodado “El Bello”, hijo de Peleo y de la ninfa Tetis, amaba al joven guerrero Patroclo, tanto que cuando muere, Aquiles queda desamparado, como quien pierde a su ser amado. Enfundado en la armadura de Aquiles, el joven Patroclo se lanzó al campo de batalla para ayudar a los griegos que estaban siendo derrotados por los troyanos.

Estos huyeron ante la visión de aquel héroe, pero Héctor, príncipe de Troya, se enfrentó directamente a Patroclo y le clavó la lanza en el corazón, en medio de la armadura. Patroclo murió y Aquiles le vengó matando al troyano. Tras rechazar a los troyanos ante las murallas de la ciudad, Paris le disparó una flecha que acertó en su punto vulnerable y Aquiles murió. Sus cenizas se guardaron en una urna que contenía las de Patroclo, en honor al amor que se tenían. Para analizar las formas de vida de una cultura, en antropología se utiliza el análisis de los personajes de sus novelas y cuentos, y las relaciones entre ellos/as, ya que en la mitología se refleja la mentalidad del/a autor/a. Así, aunque Aquiles y Patroclo fueron personajes míticos, nos permiten asomarnos como por una ventana, a lo que era bien visto o no en las relaciones amorosas de las personas del siglo VIII a.e.c. en Grecia. Este modelo de dos hombres que se aman, uno maduro y uno joven y que realizan actos heroicos, se repitió a lo largo de la historia griega en varias ocasiones, poniéndolos como paradigmas de comportamiento ideal para los jóvenes griegos y la sociedad en general. Así sucedió en el siglo VI a.e.c. con Harmodio y Aristogitón, personajes reales, soldados del ejército ateniense, conocidos por el amor que se tenían y porque habían conformado una pareja viviendo juntos a imitación de Aquiles y Patroclo. Atenas era oprimida por dos hermanos tiranos, Hiparco e Hipias, y en el año 514 a.e.c. hubo una rebelión del pueblo ateniense contra la tiranía de los hermanos. Harmodio y Aristogitón mataron a Hipias liberando así a Atenas de su opresión, pero allí mismo, en el enfrentamiento, perdieron la vida.

Famosos en el mundo antiguo como modelos de fidelidad en el afecto y de celo patriótico, Harmodio y Aristogitón fueron conmemorados en arte y literatura durante siglos después de su muerte, sumando al mito ya antiguo de Aquiles y Patroclo, otros dos modelos de masculinidad a seguir. Y, por supuesto, el pueblo intentaba imitarlos permitiendo el amor entre varones e incluso teniendo ejércitos de “amantes varones” en Tebas, Delfos y Esparta También encontramos a mujeres famosas por su talento e inteligencia, que además, gustaban de otras mujeres, como la gran poetiza Safo. Nacida en la isla de Lesbos el año 612 a.e.c., considerada a través de los siglos como una diosa, llamada la Décima Musa , como las otras 9 Musas, hijas de Zeus, diosas de las artes (sus templos eran llamados Museos y sus sacerdotisas Músicas) y cuyo culto perduró varios siglos, hasta el siglo II a.e.c., cuando los romanos destruyeron al pueblo lesbiano. Safo generó un movimiento de mujeres a través de escuelas exclusivas para ellas llamadas Thiasoi, que se oponían a la creciente opresión de las mujeres a través de la exclusión de sus derechos sociales y humanos. Durante la época de Safo (siglos VII-VI a.e.c.), las mujeres perdieron el derecho a tener bienes en propiedad, el derecho al voto en las asambleas griegas, el derecho a tener dos maridos o más, y un siglo después (siglo V a.e.c.), también perdieron el derecho a aprender a leer y a escribir. Por eso el movimiento sáfico tuvo gran impacto en la sociedad de la época, debido a que eran mujeres luchando para no perder sus derechos, a pesar de que se haya querido destruir su memoria a través de milenios de machismo.

Existían también en la cultura griega hombres que gustaban de usar atuendos de mujeres y juntarse con ellas, sin estar atraídos sexualmente por ellas. En la antigüedad fueron llamados andróginos, que es la unión de las palabras andrós, que en griego quiere decir varón y genos, que quiere decir mujer. Es decir, les llamaban hombre-mujeres. Posteriormente fueron llamados eunucos, es decir, “los que cuidan bien el lecho”, por ser utilizados por señores ricos que tenían muchas mujeres para cuidar de ellas sin embarazarlas. Cuando el esclavo que cuidaba el harem sí se sentía atraído por las mujeres, lo castraban para que no las embarazara, motivo por el cual casi siempre cuando alguien se refiere a los eunucos piensa en personas castradas. Algunos lo eran, otros no. Lo cierto es que tenían un lugar en las sociedades griega y romana, sin ser discriminados. Pueblo hebreo La fuente básica de la tradición judío cristiana, que es fundamento religioso de la cultura occidental, esta representada por las escrituras hebreas o el viejo testamento de la Biblia, base del judaísmo y también una de las principales fuentes del cristianismo. El punto de vista de la sexualidad en las escrituras hebreas (lo que los cristianos llaman viejo testamento) es fundamentalmente positivo. En el mito del génesis acerca de la creación dice, “creó pues, dios al ser humano a imagen suya, a imagen de dios lo creó macho y hembra los creó”. La orden de casarse y procrear dentro del matrimonio es evidente (Farley, 1994). Al examinar el total de las escrituras hebreas, podemos encontrar tres temas relacionados con esta perspectiva de la sexualidad. 1.- El sexo se considera no solo como otra función biológica, sino como parte profunda e intima de la relación entre dos personas. (Procreación). 2.- En las escrituras hebreas, la sexualidad nunca podría separarse de sus consecuencias sociales. (Procreación) 3.- Las escrituras hebreas consideran a la conducta sexual como un aspecto de la lealtad nacional y religiosa. (Procreación) El adulterio y el incesto son amenazas a la armonía del grupo. Bestialismo no solo es “antinatural”, sino que tampoco sirve para la procreación y puede haber sido una característica de la religión cananea. El tabú de la menstruación es típico de muchas sociedades. Ahora bien la cultura hebrea convivió con la diversidad greco-romana por siglos. Al ser un pueblo pequeño ante los grandes imperios con los que colindaba (Egipto, Babilonia, Asiria, Grecia, Roma, etc.…), se les invadió constantemente a punto del exterminio en al menos dos ocasiones. La historia del pueblo hebreo los llevó a ir construyendo códigos penales que impedían relaciones sexuales no reproductivas. En épocas de guerra, cada hijo es un soldado potencial y un hombre puede embarazar a muchas mujeres al año, por lo que en el siglo VIII a.e.c., durante la guerra contra el Imperio Asirio, en el rollo Deuteronomista se prohibieron las relaciones entre varones, o con animales, o entre consanguíneos, o con una mujer menstruante, entre otras. Son leyes de diferenciación étnico-racial, con políticas públicas pro-reproductivistas del Gobierno de Jerusalén. Es decir, los hebreos necesitaban diferenciarse de los pueblos que los circundaban para generar una identidad propia como nación, sobre todo en tiempos en que eran atacados, como lo es el siglo VIII, cuando el rollo Deuteronomista fue elaborado. Dicho siglo, en el año 722 a.e.c., fue exterminado el Reino del Norte (cuya capital era Samaria), por parte del Imperio Asirio, que en seguida amenazó con hacer lo mismo contra el Reino del Sur o Reino de Judá, con capital en Jerusalén. En esta época el reino elabora leyes para enfrentar una guerra larga, donde pasará una generación, por lo que era importante que todo varón tuviera hijos (“que todo semen sea fecundo”), para que en una generación más, es decir, en 15 años, existan más soldados. Sin embargo, a pesar de las prohibiciones, la gente en tiempos de paz volvía a tener prácticas sexuales sólo por placer y no necesariamente para la procreación.

Es así como desde el siglo VI a.e.c., por razones de diferenciación étnico-racial, es decir, para construir su identidad como nación diferenciándose de los demás pueblos y por la necesidad de reproducirse con gran prisa por sus frecuentes guerras, y no por mandatos divinos, que los hebreos prohíben la diversidad sexual entre sus adeptos y toda relación sexual placentera o sin fines reproductivos. Las antiguas leyes del Rollo Deuteronomista mencionadas, son endurecidas y se les pone pena de muerte a quien las practique. Piensan que es necesario construir, cuando vuelvan a la “Tierra Prometida”, una “Nueva Jerusalén”, por lo que toda mujer debería estar embarazada cada año, para poder volver con muchos soldados y así expulsar a los palestinos que ya habían vuelto a tomar su antigua capital, Jebús, que los hebreos arrebataron y posteriormente llamaron la “Ciudad de la Paz”, o sea, Yeru (ciudad) Shalom (Paz), Yeru-Shalom, Jerusalén. Por otro lado, parece que los hebreos, a pesar de que lo prohibían entre su pueblo, se habían adaptado muy bien a la convivencia con la diversidad sexual, porque durante todos los siglos convivieron con prostitutas, el matrimonio era entre hombres de 30 a 50 años de edad con mujeres de 12 a 15 años (que hoy sería considerad como pederastia… no olvidemos que San José hoy estaría preso ya que María habría tenido unos 12 años cuando se juntó con él, de alrededor de 45 años), cada hombre podía tener concubinas o esclavas sexuales, especialmente los ricos y además, convivían cotidianamente con eunucos. En épocas de guerra se aplicaban las leyes de guerra, pero en tiempos de paz se convertía en cuestión de moral personal o máximo, de vergüenza social. Los eunucos greco-romanos ya mencionados, también aparecen en el mundo hebreo como personajes de la vida cotidiana, que incluso Jesús afirma de que hay eunucos que “así nacieron del vientre de su madre”… es decir, hay hombre-mujeres que así son desde su nacimiento u hombres que no gustan de las mujeres que así nacieron “desde el vientre de su madre” Cristianismo El mundo en que se desarrollo el cristianismo era un notable catalizador en las esferas de la filosofía, la religión y la moral.

Aunque el estoicismo siguió siendo popular entre los intelectuales, la gente común prefería diversas mezclas de mitología, superstición y religión. Pocas personas se preocupaban en gran medida de la búsqueda de la sabiduría y la virtud. La repugnancia hacia los excesos de la vida romana afecto al judaísmo, que se volvió notablemente mas dualista y contrario al sexo para el momento en que necio Jesús y surgió la iglesia cristiana. A partir de estos comienzos, la ética cristiana ha evolucionado y se ha desarrollado a lo largo de 2000 años en muchas y diversas maneras. El cristianismo se distingue entre las principales religiones mundiales por su insistencia en la monogamia (Parrinder, 1996). La mayoría de las demás religiones permita la poligamia o que el hombre tuviese varias esposas. La norma cristiana de la monogamia, que puede parecer estricta según los estándares contemporáneos, puede verse bajo otra luz como uno de los principales pasos hacia la igualdad entre mujeres y hombres. El nuevo testamento Al centro de las escrituras cristianas se encuentran las escrituras, que describen en la vide y enseñanza de Jesús. Dando que Jesús no dijo casi nada acerca del tema del sexo, es difícil derivar una ética sexual con base únicamente en las escrituras. La prespectiva de Pablo acerca de la sexualidad y las mujeres eran ambivalentes y se derivan tanto de la inmortalidad de gran parte de la cultura grecorromana como de la expectativa que compartía con la mayoría de los primeros cristianos acerca de Jesús regresaría pronto, llevando al mundo a su fin (Parrinder, 1996). Pablo estaba a favor del celibato, no necesariamente por que se opusiera al sexo sino por que el matrimonio podría distraer de la oración, la alabanza y la proclamación del evangelio. Como judío pablo se oponía a toda expresión sexual fuera del matrimonio y juzgaba duramente la inmoralidad sexual. Sin embargo, no singularizo al pecado sexual. Condeno los “placeres de la carne”, pero con esto se refiere a todos los aspectos, como la “inmoralidad, impureza, brujería, enemistad, conflicto, celos, enojo, envidia, egoísmo, espíritu festivo, embriaguez, francachelas y cosas semejantes”. Después los teólogos cristianos tendieron a comprender los “pecados de la carne” principalmente en términos sexuales y, por ello, dieron al cristianismo un sesgo contra la sexualidad mas allá de lo que es probable que haya sido la intención de Pablo.

En vista de la época, no es sorprendente que el nuevo testamento sea ambivalente en cuanto a la sexualidad, probablemente mucho más que el viejo testamento. Durante los primeros cuatro siglos el cristianismo no tuvo una doctrina clara sobre el asunto, ya que los Evangelios nunca lo condenan. Aún cuando hay controvertidos textos de Pablo donde San Jerónimo tradujo del griego paulino al latín del siglo V, supuestas condenas a la homosexualidad, la primera prohibición oficial no vino sino hasta siglos después de Pablo, hasta el año 342 d.e.c. en el Codex Teodosium, es decir, durante la Primera Inquisición Cristiana, que se decretó pecado la homosexualidad pasiva; el penetrador no cometía pecado alguno Cuando en la Biblia se lee que los “homosexuales” no entraran al reino de los cielos es inevitable una pregunta… ya que la palabra “homosexual” fue inventada por los médicos del siglo XIX por lo que no puede venir en Biblias escritas hace dos mil años, ¿qué decía allí en griego? ¿Qué escribió Pablo? Según el Padre Ricardo Zimbrón Levy, Misionero del Espíritu SantoSan Pablo escribió en griego todos sus textos y así se conservan actualmente. En el año 420 d.e.c., San Jerónimo, monje que odiaba a las mujeres, el sexo y el cuerpo, pensaba, como San Tertuliano de Cártago, que Cristo no volvería hasta que la humanidad dejara de tener relaciones sexuales y con esta mentalidad tradujo toda la Biblia por primera vez al latín, el idioma que el pueblo romano hablaba, razón por lo que se conoce como la versión de La Vulgata (vulgo = pueblo en latín).

En esta traducción bíblica es la primera vez que se dice que el pecado de Sodoma fue la homosexualidad y la primera vez que aparece la palabra sodomita como sinónimo de homosexual Donde Pablo utiliza la palabra MolokoiJerónimo traduce “afeminado”, cuando “Molok-oi” quiere decir “los que son de Molok” ó “quienes adoran a Molok”, que era un dios Cananeo. Pablo no dice absolutamente nada sobre el afeminamiento ni hay condena alguna a eunucos o andróginos. La condena es a quien adora a otro dios, Molok en este caso. En el mismo versículo San Jerónimo traduce “sodomitas” (que en español han traducido con la palabra “homosexuales”) una palabra que Pablo sólo utilizó en este texto y que según los estudiosos, no se conoce en otros textos, lo que puede llevar a la conclusión de que era un neologismo paulino, es decir, una palabra inventada por San Pablo. La palabra a la que nos referimos es arsenokoitai, que viene del griego arseno - veneno, y koitai – coito, es decir, un coito-venenoso; coito que lleve a la muerte. Nunca se refiere a la orientación sexual de alguien, sino a dañar con un coito a alguien y esto puede suceder también, por supuesto, en una relación heterosexual o de hombre con mujer y no necesariamente solo en una relación homosexual, como para traducirlo asíEs cuando uno entiende el rol tan importante que juegan las traducciones, buenas o malas, en el sentido de los mensajes bíblicos. A pesar de que la herencia hebrea del cristianismo condenaba la diversidad sexual, su herencia greco-romana no, por lo que al principio existieron grupos cristianos, como los Gnósticos, que pensaban que en la Trinidad Divina uno de los personajes era la Madre de todos los vivientes, Sophia, o la gran Sabiduría. Así, pensaban que los andróginos o eunucos eran representantes de los misterios divinos, como nos lo dejan ver sus Evangelios Gnósticos, excluidos de la Biblia en cuanto perdieron una votación en el Concilio de Constantinopla, en el año 381, que el Catolicismo decidió por mayoría de votos, que el Espíritu Santo era el dios que sustituiría en la Trinidad la Madre SabiduríaDurante estos siglos conocemos la existencia de dos santos varones que fueron pareja, San Sergio y San Baco, martirizados por los romanos hasta la muerte y reconocidos por la comunidad cristiana de su tiempo como ejemplos del amor de Cristo, al grado de ser canonizados. Su homosexualidad jamás puso en duda su santidad.

También sabemos de una pareja de lesbianas que se amaron hasta que mueren martirizadas en el Circo Romano, igual que Sergio y Baco. Perpetua y Felicitas también fueron inmediatamente canonizadas y reconocidas por el pueblo y donde el amor que se tenía una a la otra jamás fue un impedimento para su canonización, lo que nos permite ver que la primitiva Iglesia Cristiana (ss. I - III d.e.c.), antes de convertirse en Imperio, no consideraba las homosexualidades ni la androginia como algo que se opusiera al mandato cristiano: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismos. En el siglo IV d.e.c. los Gnósticos cristianos se enfrentan contra los Católicos cristianos por diferir en el concepto de la Trinidad: los Católicos pensaban que en dios no existía principio femenino alguno, sino que eran el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, todos hombres; mientras que los Gnósticos pensaban que Dios no podría dar vida si no existiera en él un principio femenino, por lo que afirmaban que la Trinidad era Padre-Creador, Madre-Sabiduría e Hijo-Redentor. Para dirimir los pleitos el Inquisidor emperador Teodosio convocó a Concilio y allí, por mayoría de votos como con todos los dogmas cristianos, los obispos votaron a favor de la Trinidad Católica y desde entonces el Espíritu Santo se convirtió en parte de la Divinidad. Antes del siglo IV los/as cristianos/as no creyeron en la Santísima Trinidad, ya que quedó inventada, como dijimos, hasta el Concilio de Constantinopla, en el año 381 d.e.cDebido a que los Gnósticos cristianos perdieron la votación, se declaró herejía decir que en dios existía algún principio femenino, por lo que fueron declarados herejes y reos de muerte y con ellos los eunucos, los afeminados y los sexualmente pasivos o varones que les gustaba ser penetrados. Desde entonces las mujeres también fueron excluidas de la jerarquía religiosa y dejaron de ser ordenadas sacerdotisas, diaconizas y obispasEs en esta Inquisición cuando la Iglesia también condenó la desnudez pública (pecado de impuditia), el sexo en grupo, tener concubinas/os, el sexo en público, la pederastia, el matrimonio entre varones o entre mujeres y el incesto, prácticas todas que eran parte de la vida de los primeros cristianos de los siglos I al III d.e.c. También se prohibió tener plantas en las casas o ciudades (era pecado tener parques porque recordaban a los templos de la dios Natura), así como animales domésticos La prostitución masculina solo fue permitida cuando se le pagaran impuestos a la Iglesia y la prostitución femenina quedó reservada a las refinadas salas de las cortes eclesiásticas y del emperador, tomando por eso el nombre de “Cortesanas”.

En el siglo VI el emperador Justiniano reinicia con los métodos persecutorios y profundiza la Inquisición de Teodosio contra todos los pecadores que estaban provocando, según él, la peste bubónica, como “Sodoma provocó la ira divina”, decía élLa peste, según Justiniano, terminaría cuando se matara al último pederasta, adúltero, hereje, sodomita e impúdico. Con su Codex Iustinianus decretó muerte a los grupos antes mencionados y para tal fin (además de sus fines políticos y económicos) inventó el sacramento de la Confesión, haciendo manuales donde aparecían todos los pecados sexuales que se pudieran cometer, con sus años de penitencia o el dinero que se podría pagar para perdonar la falta, llamado “indulgencia”. Los libros Penitenciales Tarifados fueron manuales para regular el comportamiento sexual de la población durante la Edad Media, obligando a la población entera a confesarse una vez a la semana e imponiéndoles penitencias incumplibles y así forzarles a pagar con dinero sus pecados y evitar siglos en el purgatorio. De los siglos VI al IX las homosexualidades y las androginias quedaron prohibidas, con pena de muerte, aunque con un buen plan de pagos, perdón, de indulgencias, perdonaban a los ricos todos sus pecados. Del siglo IX al siglo XIII muchos teólogos, sacerdotes y obispos se revelaron contra la doctrina inquisitorial del Vaticano y comenzaron a traducir las Biblias nuevamente del griego y no del latín, lo que permitió una visión más liberal del cristianismo con respecto al cuerpo y a la sexualidad. Se volvieron a admitir rituales de unión cristiana entre varones en la Iglesia Católica, así como de mujer con mujer, conociéndose casos no sólo de laicos que se casaban entre varones o entre mujeres, sino hasta de obispos casados con otros varones o madres superioras casadas con alguna abadesa de otra comarca En las liturgias recuperadas por Boswell en los monasterios benedictinos italianos, se encuentran algunas donde se afirma que entre los doce apóstoles había una pareja de homosexuales (o al menos así lo creyeron más de mil años en la Iglesia Católica): Felipe y Bartolomé, modelo de pareja cristiana que servía para pedirle a Dios que bendijera a los varones contrayentes, como los bendijo a ellos y a San Sergio y San Baco. Una de estas ceremonias litúrgicas del siglo X, hallada en un monasterio de Grottaferrata, Italia, dice así: “O Señor nuestro Dios, que hiciste a la humanidad a imagen y semejanza tuya, y le diste poder sobre toda carne eterna, y que aprobaste que nuestros santos y apóstoles, Felipe y Bartolomé se hicieran pareja, no unidos por la naturaleza sino por tu Santo Espíritu, del mismo modo que consideraste a los santos y mártires, Sergio y Baco, merecedores de ser unidos, bendice a tus siervos… N. y N. y únelos no por la naturaleza, sino por tu Santo Espíritu… regálales el amor del uno por el otro y permite que se mantengan unidos y sin causar escándalo todos los días de su vida, con la ayuda de la siempre Virgen María, Madre de Dios, Porque a ti todo honor y toda gloria por siempre Señor De los siglos IX al siglo XIII, es decir, por unos 350 años más, las homosexualidades fueron nuevamente aceptadas dentro del seno de las Iglesias Cristianas, especialmente de la católica. Una lesbiana o un homosexual que naciera en ese tiempo jamás sentirían que sus orientaciones sexuales los separan, no digamos de su Iglesia, sino del mismo Dios. Y mucho menos se imaginaba que en un tiempo futuro los homosexuales y las lesbianas serían expulsados del seno del cristianismo con argumentos teológicos, es decir, echándole la culpa a Dios.

Eran tiempos de mayor libertad sexual y de traducciones bíblicas directas del griego, dejando un poco de lado la versión de la Vulgata. Sin embargo, en el año de 1215 d.e.c. el Papa Inocencio III convoca a Concilio y concluyen que deben dar muerte a herejes, sodomitas, brujas, pederastas, turcos, judíos, vagos (que vivan de los demás) y vagabundos (viajeros). Sin embargo, en épocas de las Cruzadas dichos grupos se habían fortalecido mucho a nivel político y económico, por lo que no era prudente atacarles en forma inmediata. El clero decidió esperar una generación (16 años), estudiando el cuerpo humano y construyendo aparatos de tortura tan efectivos, que curaban al moribundo torturado para seguirlo torturando después. En el año de 1231 se decreta “muerte a los herejes” y demás grupos que a la Iglesia molestaban, dando inicio lo que conocemos como la Santa Inquisición. Con estas nuevas leyes queda prohibido el matrimonio de los sacerdotes, o el sacerdocio de los casados; se inventa el matrimonio católico elevado por primera vez al nivel de sacramento. No todos lo aceptaron y estuvo en debate, ya que se sabía que era un aparato de tortura legal para las familias.

El debate continuó y, finalmente la Iglesia Católica acepta el sacramento del matrimonio, por primera vez oficialmente hasta el año de 1455 (siglo XV), en el Concilio de Florencia y luego lo ratificará el Concilio de Trento en el siglo XVI Las nuevas leyes sobre la familia y el matrimonio resultaron ser sumamente eficientes en el control y destrucción de la diversidad sexual, por lo que a partir de entonces se considera que las homosexualidades “destruyen la familia”. Los homosexuales no se quedaron con los brazos cruzados. Por ejemplo, en Florencia, se levantaron en armas contra el ejército de la Guardia Suiza del Vaticano y contra los ejércitos de la Inquisición. Del siglo XIII al XVI se organizaron en torno a la familia Medici para exigir el respeto a sus derechos, financiando con negocios varios la carrera política de jóvenes homosexuales que ya de adultos pudieran tener influencia desde un puesto de poder Miles de europeos y europeas fallecieron bajo las garras de la Inquisición Católica durante los siglos XIII al XVI, bajo el pretexto de que salían del “orden divino” al tener orientaciones sexuales diferentes. Con el surgimiento del Protestantismo las cosas empeoraron. Si bien el catolicismo era capaz de destruir todo un pueblo en el nombre de Dios, al menos permitían que muchas cosas no cambiaran, sobre todo si se confesaban y daban el pago merecido por ese perdón. Cuando Martín Luthero se opone a las indulgencias, estaba condenando la columna vertebral del financiamiento católico.

Al destruir la confesión el los países que se le iban sumando (Alemania, Holanda, Inglaterra, Suiza, etc.) no hubo más opción que “mantenerse” siempre sin pecar, ya que el perdón ya no se negociaba con Dios. Los/as protestantes se vuelven más intolerantes que los católicos en cuestiones de diversidad sexual, argumentando que hay que volver a la Biblia en donde se condena incluso con pena de muerte (no olvidemos, los rollos Deuteronomista y Sacerdotal). La moral sexual protestante se olvida del Nuevo Testamento y de las enseñanzas de Jesús y llevan a cabo las inquisiciones más terribles contra sus detractores apoyados en textos del Antiguo Testamento, acusándolos con mucha facilidad de brujas, pederastas, herejes o sodomitas, incluso sin comprobarlo, se les llevaba a la hoguera. De esta mentalidad protestante surge el pensamiento científico positivista, donde se rechaza todo lo que no se pueda medir o pesar, y las homosexualidades pasaron de ser pecado, a ser una enfermedad o cuestión de “salud pública”.

Rocío García Moreno. Psicóloga/Sexóloga. Maestría en Sexología. Especialidad en Violencia Familiar. *Sacado del ensayo de sexualidad en occidente del Psic. Juan Carlos Hernández Meijueiro

   

 
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